
Sería algo tópico empezar con el shoegaze hablando de este álbum, pero es que resulta que es el que me ha apatecido escuchar esta mañana.
Para los profanos, digo eso porque este disco es considerado por muchos como el máximo exponente del shoegaze, sin olvidar otros como Souvlaki de Slowdive o Nowhere de Ride. My Bloody Valentine comenzó en 1984 su andadura con trabajos noise pop que ya vaticinaban algo nuevo. Y esta novedad llegó en 1991 con Loveless, un disco que se convirtió en padre de todo un nuevo estilo: el shoegaze, llamado así por la forma de tocar, mirando a los pies, y caracterizado por el uso de retroalimentación en las guitarras con una distorsión ruidosa y melódica a la vez, repleta de efectos, y por letras mayoritariamente melancólicas y voces susurrantes.
Un acierto de este disco es el empalme que hace de un tema a otro, es decir, no usar el silencio intermedio de rigor. Si tenéis la opción de escucharlo así, hacedlo, pues le sienta muy bien a este género esta unión de las canciones como si no fueran tal, sino simples cambios de ritmo.
Es difícil encontrar discos que te encanten de principio a fin, sin altibajos, pero este caso es una de esas excepciones. Desde el comienzo con Only Shallow hasta el final de Soon, es francamente arduo intentar quedarse con un tema, pues si te gusta uno, de seguro te gustarán todos los demás. Lo cual, dicho sea de paso, no significa que todo sea uniforme, en absoluto; hay temas de tendencia más rockera como What You Want, con baterías omnipresentes, y temas de tendencia más acusada al dream pop como To Here Knows When, con predominancia de la atmósfera que la guitarra crea con sus efectos. Mención especial merece la inclusión de Sometimes (tema más sosegado del disco, con diferencia) en la banda sonora de Lost in Translation, en la que encaja de perlas.


